jueves, 30 de noviembre de 2017

Huertos urbanos y polución

Huertos urbanos, espacios de vida dentro de la naturofobía que expresan las grandes ciudades. Espacios donde cultivar, donde dar un toque verde al feo gris del hormigón, del asfalto y de la polución.


Es un interesante tema que tiene muchos artículos al respecto, que no siempre son imparciales y muestran una serie de factores que más que aportar una opinión al respecto alarman a los vecinos.

Da igual en que medio, si se busca en un buscador la relación entre huertos urbanos y polución no salen muchos resultados positivos. Hay un interesante artículo de la red de huertos urbanos de Madrid que habló en su momento sobre el tema: ¿Los huertos urbanos un peligro para la salud?, aunque de nuevo, con el aumento de la contaminación en las ciudades renace esta idea sobre lo saludable que son o no los huertos urbanos. Lo primero sería remarcar en que contexto situamos a los huertos urbanos, ya que hay muchos tipos. Tenemos desde el huerto de un vecino en un ático o en un balcón, la parcela en donde una pareja que vivía en los extrarradios ha cultivado gran parte de su vida, y que ahora prácticamente es céntrica, los huertos de ocio de alquiler ó los huertos urbanos comunitarios. 

Pero lo importante es entrar en materia sobre el tema principal que nos avala: La contaminación de los huertos urbanos. Conocer que nivel de polución puede existir o no en estos espacios.




El suelo de los huertos urbanos
Antes de pensar en lo contaminado que puede estar el suelo de un huerto urbano hay que recabar cierta información sobre ese lugar, como ¿qué hubo previamente al establecimiento del huerto? ¿Cómo está configurado el huerto? o ¿a cuanta profundidad llegan las raíces de las plantas que cultivan? Preguntas interesantes de plantear antes de ponerse a realizar caros estudios de calidades de suelo, búsqueda de metales pesados u otros contaminantes.

Para contestar a la primera pregunta habría que recabar información sobre los principales contaminantes que afectan a los suelos, cómo: los metales pesados, ácidos, organismo patógenos, derrames de hidrocarburos, plaguicidas...
Pero recabar toda esa información no es necesario en la mayoría de casos ¿Por qué? Porque la mayoría de los huertos urbanos existentes no se suelen comenzar sobre peligrosos vertederos ni en zonas donde existe un peligro de contaminación. Y si así fuera, las autoridades ya cuentan con regulación sobre el tema, en el caso de España, a través de Ley 22/2011, de 28 de julio, de Residuos y suelos contaminados y en el Real Decreto 9/2005, de 14 de enero, por el que se establece la relación de actividades del suelo y los criterios y estándares para la declaración de suelos contaminados.Se puede seguir leyendo sobre el tema en mapama.gov.es

Conocer el resultado de esa primera pregunta nos llevaría a la segunda, a conocer cómo está configurado el huerto. ¿Está directamente en el suelo? ¿Hay una capa de separación del suelo? Ahí por ejemplo llegamos a la casuística de algunos huertos urbanos comunitarios que han crecido sobre los cascotes de hormigón y ladrillo que había previamente en los solares donde se asientan. En estos huertos, podría existir algún tipo de contaminación por la edificación previa, pero en esos escombros sería casi imposible cultivar nada. Por lo que en estos huertos no se cultiva directamente sobre el suelo, sino que se crea una capa de tierra útil por encima.
Y así llegamos a la tercera posible pregunta, la de la profundidad de las raíces, y descubrimos que la mayoría de verduras y hortalizas que se cultivan no crean grandes sistemas radiculares, con lo que no entran tanto en el terreno como para alcanzar profundidades presuntamente contaminadas.

Es decir, si entramos en la casuística particular de cada huerto, nos encontramos que hay muchas tipologías posibles de suelos en donde cultivar, y que contaminantes de cualquier tipo pueden existir o no. Ello nos llevaría a replantearnos entonces también sobre en qué suelo se cultivan todos los alimentos que consumimos, aquellos que llegan de fuera de la ciudad. Por ejemplo, en Francia hay zonas de cultivo muy cercanas a centrales nucleares (visto con mis propios ojos), o que contaminados ríos por la acción industrial usan ese mismo agua para los regadíos de las tierras agrícolas, que los propios pesticidas, fungicidas, herbicidas y demás químicos que la industria agraria utiliza a diario contaminan de tal manera el medio para sus monocultivos que la toxicidad de los alimentos es elevada.Y así podría escribir un libro sobre el tema.

El aire contaminado
La contaminación no solo está en el suelo, también en el ambiente. Comer alimentos que se hayan cultivado en un aire contaminado ¿cómo de peligroso es?. Ahí es cierto, que con un aire muy contaminado las plantas absorben gran parte de esa polución que les llega. Pero, el matiz más curioso, es que nuestros cuerpos, en esa misma atmósfera de polución, al respirar la absorbemos también. Es decir, si la polución ambiental es mala, sería más interesante centrarnos en el tema principal como tal, más que crear ese alarmismo sobre los huertos.
Todo tiene su contrapunto, y existe una teoría que me parece muy interesante sobre el aire contaminado y las plantas. Las plantas, como otros organismos, al estar sometidas a unas condiciones especificas se van adaptando a su medio y creando sus defensas. Lo que significa, que si cultivamos verduras adaptadas a las condiciones del lugar en donde vivimos, estamos favoreciendo mejorar nuestras defensas frente a este entorno. Si las plantas crean protectores frente a la contaminación, al comérnoslas, toda esa información de protección la trasmitirán a nuestros organismos. Es algo que parece muy razonable.

Conclusión final
En realidad estos son pequeños aportes para un tema recurrido y que no parece tener mucha trascendencia, ya que lo que es una realidad es que en los huertos urbanos apenas se producen alimentos. Quien quiera sacar una exclusiva alarmista lo seguirá haciendo, no sobre los huertos urbanos, sino sobre cualquier otro tema. Quien quiera creerse este tipo de información alarmista sobre este tema y sobre cualquier otro, tendrá su escusa perfecta para crear un prejuicio. Pero quien de verdad quiera tener un juicio más claro deberá moverse un poco, bajarse al huerto urbano más cercano a su casa y comprobar que los huertos urbanos no solamente van de cultivar verduras contaminadas. Se dará cuenta que los huertos urbanos, y mas aún los comunitarios, más allá de cultivar o no, son espacios de encuentro, de reflexión, de aprendizaje, y de tantas cosas más que tienen mucho más valor que el simple cultivo.

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