sábado, 14 de febrero de 2015

Jardín del museo Sorolla

En Madrid, subiendo desde la Castellana por la calle General Martínez Campos nos encontramos con el Museo Sorolla. Un museo de referencia turística en la ciudad, que no solo tiene los cuadros del pintor en su interior.


Nada más entrar nos encontramos con su jardín. Un pequeño espacio de paz separado por un muro del inminente caos del exterior. De repente, ruido, prisas y estrés se diluyen entre cuidadas formas y vegetación.

El jardín fue diseñado y plantado en parte por el propio pintor. Es un jardín con un poco mezcla de estilos, aunque predomina un claro estilo de jardín árabe, con el agua tomando un predominante papel. También podría recordar su estilo al de ciertos jardines andaluces. 


Y todo se mezcla en una ordenada colocación de pasillos que podría ser una remembranza de un jardín italiano. Aunque algo que sin duda es, es un jardín romántico. Aunque no se adapte a la pureza del termino, toda esa mezcla de elementos le dan mucho romanticismo.


Me gusta encontrarme frutales en los sitios más insospechados, como en este caso. Siguiendo quizá esa tradición de los jardines italianos de colocar cítricos en zonas especificas del jardín. Aquí nos recibe un majestuoso mandarino, que con sus anaranjados frutos focaliza todas las miradas nada más entrar. Otra suposición podría ser, que al ser valenciano quisiera tener un recuerdo de su tierra nada más entrar.

mandarino

Aún como sea, es un placer descubrir tantas cosas en tan poco espacio. Es curioso a veces como en los espacios más pequeños uno encuentra mayor cantidad de cosas que en otros más grandes. Aquí no hay grandes espacios para estar, pero los que hay están muy aprovechados.

estatuas en linea y mesas para comer

La salida secundaria esta medio escondida, tapada por los árboles cubiertos de hiedra. Debió suponerle a Sorolla un gran placer ir disponiendo de cada elemento por el jardín, porque se nota el cuidado que hay en todo.

una estatua justo a la salida

Y de repente cuando entras hacia adentro aparece un pequeño estanque que sirve como perfecto lienzo para dibujar un montón de reflejos en el agua. El estanque esta también muy pensado, medio oculto entre plantas tiene un pequeño entrante justo delante para poder admirar a la pareja de estatuas que se encuentran ahí plácidamente dialogando.

el estanque del museo sorolla

Y desde aquí, en este pequeño pasillo miro hacia la otra dirección, escondido tras el árbol no soy capaz ya de ver la salida. Se que está ahí, pero menos mal que esto no es muy grande porque si no sería fácil perderse.

escondite del jardin

También en esta ocasión he subido un vídeo del lugar. Si bien apenas retrato con palabras el vídeo, si lo he acompañado de una suave sinfonía con instrumentos traídos del lejano Oriente. Aunque no hay nada como estar en el lugar para completar la experiencia, para quien vive lejos de aquí y no puede acercarse, le puede servir para hacerse una mejor idea que a través de las fotografías.



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