jueves, 25 de febrero de 2016

Cuánto riego esta planta?

Quizás de entre todas las posibles preguntas que se le suelen hacer a alguien que tiene un poco de idea sobre plantas es la pregunta sobre el riego. Es como la pregunta estrella que toda persona que no sabe mucho de plantas le plantea a quienes tienen plantas.


Pero, ¿es tan difícil saber el riego exacto de cada planta? o ¿simplemente es un miedo colectivo al no encontrarnos ya tan unidos a la naturaleza?

En la vida de mucha gente la entrada de una planta en su espacio representa una curiosidad. Si antiguamente era lo más común del mundo tener tiestos repletos de plantas en balcones, terrazas y alguna que otra por los salones, a día de hoy, en los modernos modelos de vida, una planta en una casa es algo raro. Pero, ¿Hasta que punto de real es esta afirmación? Hasta el punto de acercarse a casa de cualquier conocido y comprobar que o no hay plantas o que de haberlas son de su madre.

La época de los grandes descubrimientos botánicos pasó, hoy en día la gran totalidad de plantas que pueden llegar a nuestras manos son relativamente sencillas de mantener. Hay que darse cuenta de que, si nos regalan cualquier planta comprada en floristerías, centros de jardinería o mismamente supermercados; todas esas plantas vendrán de grandes viveros de cultivo donde apenas entra la mano del ser humano para su cuidado. Lo que significa que si la llevamos a casa, las ponemos en un tiesto un poco más grande que el que tienen y mantenemos unas mínimas condiciones de luz y riego, esas plantas mejoraran considerablemente sus condición de vida y crecerán rápidamente. 

Pero, ¿y ese riego mínimo de cuanto es?
Ahí es cuando a la persona, supuestamente entendida de plantas, le toca asumir la difícil respuesta de determinar cuanto se tiene que regar dicha planta de la que seguramente apenas conozca en que condiciones se encuentra. Y claro, ahí empiezan las preguntas.

Lo primero es que la "persona entendida de plantas" sepa de que planta se trata para que pueda dar una respuesta, por lo que intenta descubrirlo.
- ¿Pero sabes que planta es?
- Pues no se bien, me la regalaron ayer, pero no se como se llama.
- Um, pues no se, mándame una foto o algo a ver si sé lo que es.
- Ok, es esto (ahí es cuando se recibe una foto en donde apenas se intuye nada)
- Ahhh, pues se parece a un pothos, esas son muy fáciles.
- ¿Sí? ¡Qué bien! porque no quiero que se me muera.
- Anda, que con que la cuides un poco estará bien, busca Pothos en Internet y mira a ver si es igual que la tuya.

Una vez que la planta está identificada o se parece a alguna planta similar ya se entra de lleno en la cuestión del agua.
- Sí, se parece al pothos este que dices. Entonces, ¿Cuánto la riego? ¿un vaso de agua al día o así?
- Um, no, con que mantengas la tierra ligeramente húmeda será suficiente, si la ves un poco alicaída pues un poco más. Y luego pues dependerá del tiempo que haga, si en invierno la tienes cerca de la calefacción o no y cosas así.
- Ok, ¿Cómo se yo si está alicaída?
- Se nota, no sé, si ves que las hojas no están normales sino blandas y caídas.
- Ahh, vale, voy a ver si le hecho un vaso de agua entonces, que las hojas como que cuelgan un poco hacía abajo.
- Pero  si te la regalaron ayer, seguramente esté bien. La tierra, ¿está húmeda?
- Si, la tierra está húmeda ahora.
- Ok, pues si la tierra está húmeda no hace falta que la riegues ahora.
- Ahh, vale, y ¿Cuánto tarda más o menos en secarse?

Aquí es cuando esa persona entendida de plantas pues no tiene ni idea de cuando se secará el sustrato, pues depende del tamaño del tiesto, de si recibe mucho calor, si hay mucha sequedad ambiental en la casa, del tipo de sustrato que se haya usado... Y entonces surge la respuesta que todo informático usaría si fuera jardinero: ¿Has probado a apagarla y encenderla? No, en sí no, pero es como la respuesta clave que todo buen jardinero, que no sabe qué responder, puede dar sin mojarse ya más: la respuesta del plato de agua.
- Pues ni idea, lo que puedes hacer es ponerle un plato con agua debajo para que la planta vaya absorbiendo el agua que necesite. Si ves que no absorbe es que no necesita tanto agua y se la quitas hasta otro día.
- Ahh, ok, pues haré eso sí, que me parece lo más fácil.

Claro, esta solución no es la mejor, pues tiene sus contras, como la de que a lo mejor el sustrato es muy esponjoso, quizás compuesto de fibra de coco o similar, y no sea la planta sino el sustrato lo que absorba el agua. O que el tiesto no tenga agujeros... Y si se da el caso de que por ejemplo sea una planta crasula, pues esta solución no es recomendable porque se pudrirá enseguida con el sustrato húmedo. Pero es una solución efectiva para la mayoría de plantas que podamos tener en casa. 
Aunque después de esta respuesta, la persona entendida de plantas, siente que necesita dar unos consejos para que esa planta pueda tener un futuro más próspero y no verse abocada al enanismo efímero que tendrá en el mini tiesto en donde se encuentra.
- Y bueno, si puedes intenta cambiarla de tiesto, que ese es muy pequeño, y en uno mayor te será mas fácil.
- Ay, déjate de complicaciones!, que con que se mantenga ya me vale.
- Ya, pero te sera más fácil y no cuesta nada hacerlo, y así te aguantará mucho mejor, que en un tiesto tan pequeño es más difícil de mantener.
- Si es que no tengo tierra, y no quiero tampoco andar manchando todo después con la tierra, que yo no se de esas cosas, y con que esté así ya me conformo.
- Bueno, lo que tú quieras, aunque si puedes cámbiala. Y ya verás como esto de las plantas no es tan difícil.
- Sí, eso espero.

Y ahí se acaba la conversación. Con parte de ese miedo final  para la persona entendida de plantas, ya que si por cualquiera de los cientos de factores que pueden intervenir va y se muere la planta. En cierto modo, ya se ha vuelto cómplice de su cuidado y le toca parte de responsabilidad. Cuando, normalmente, por experiencia, alguien que haya cuidado más de una planta comprada sabe, que con el sustrato que llevan necesitan ser cambiadas.

Lo bueno, es que tras ese miedo inicial sobre el cuidado de la planta, a todo el mundo le sale esa genética innata de jardinear y ve lo fácil que resulta mantener un planta. Con lo cual ya se le mete un poco de ese virus plantofilo que todos los amantes de las plantas llevamos dentro. Y lo mismo luego prueba a tener una vida más acorde con la naturaleza y decide probar con otras plantas, y cuando se quiere dar cuenta ya tiene un pequeño ecosistema en casa.


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