domingo, 4 de diciembre de 2016

El claustro de la catedral de Utrecht

En el claustro de la catedral de Utrecht se puede gozar de gran tranquilidad, es el encanto que suelen provocar los lugares de reflexión. Si bien, claustro viene de cerrar, de clausura, también es sinónimo de recogimiento.

paseo por el Claustro

Este claustro es un espacio ideal para sentarse con un libro o donde reposar después de una larga caminata, que se encuentra en el corazón de la ciudad, con vistas a la torre Dom, el emblema de la ciudad.
El claustro, que en su día fue un espacio habitado por monjes, hoy en día es lugar de paso para los visitantes que merodean por la ciudad. Si bien Utrecht no es una ciudad muy estresante, disfrutar de un espacio de calma como este siempre sienta bien.

claustro de la catedral de Utrecht

Y es que, estos lugares tan cargados de historia siempre suelen conseguir esa sensación como de recargarnos de energía. También ese sentimiento de incredulidad sobre cómo podían antiguamente crear espacios así. La naturaleza, presente siempre de manera sutil, interviene también para generar esa calma. Ese dominio ordenado de la vegetación, esa protección de los peligros e inclemencias del exterior.

catedral de Utrecht

Pero lo que más me fascina siempre de estos lugares es el especial cuidado que se ponía en cada detalle. Daba igual que fuera un pórtico, o como es el caso, una fuente. Comparado con el mundo moderno y toda su tecnología, parece como si nos hubiéramos atrasado en la técnica. Viendo lo que eran capaces de hacer los arquitectos, jardineros, artesanos y escultores de aquella época, ¿Cómo es posible que hoy en día todo resulte tan simplista y falto de personalidad?

fuente de gargolas

Ese es uno de los porqués de que visitar lugares antiguos, y más si se trata de ordenados o desordenados jardines, nos da tanta tranquilidad: porque desconectamos de esa artificialidad del mundo moderno. Nos encontramos con un simple claustro con un pequeño jardín aún en uso, un espacio pensado para la reflexión, para dar paseos interminables por él. No es una sala de espera, cómo hoy en día se podría denominar a un lugar donde pasar las horas, sino un lugar de meditación. A quién no le gustaría tener un pequeño patio clásico al que bajar a relajarse los días de más estrés en el trabajo. Un lugar al aire libre pero protegido, a través de sus galerías, del frío y la lluvia.


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